Se aprueban apoyos ligeros como lluvia de ideas, clarificación de conceptos, creación de glosarios, mejora de preguntas de estudio, explicación de pasos de resolución y reformulación de instrucciones difíciles. La condición es citar la herramienta y registrar brevemente la interacción. Estos usos funcionan como tutor inmediato, no como autor final. El objetivo es expandir la comprensión, no delegar el razonamiento ni saltarse la práctica que fortalece habilidades esenciales.
Borradores extensos, generación de código para proyectos evaluables, resúmenes avanzados de textos complejos, análisis de datos y pulido estilístico profundo necesitan aprobación docente. Se exige evidencia del proceso, prompts representativos, reflexiones sobre cambios aplicados y verificación de exactitud. Con este control, la IA apoya sin reemplazar el pensamiento original. Además, se acuerdan límites cuantitativos y momentos en que la intervención automática debe detenerse para priorizar producción propia.
Queda prohibido presentar como propio el contenido generado íntegramente por IA, subir información personal identificable o sensible, intentar eludir sistemas de evaluación, violar derechos de autor o compartir respuestas cerradas de exámenes. También se prohíbe automatizar procesos destinados a medir habilidades básicas individuales. Estas líneas rojas preservan la justicia académica, la seguridad de la comunidad y el sentido formativo de las actividades, evitando atajos que empobrecen el aprendizaje real.
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